¿Cómo puedo ser contestador?

Cuento 2

Así, iban pasando las horas, y Darío no pensaba en otra cosa que en volverse a encontrar con Yliel. ¡Era tan emocionante hablar con un ángel!

Esa noche se comió todo lo que había en el plato. Después de lavarse los dientes, se puso el pijama, dio las buenas noches a sus padres y se fue a dormir. -Todavía es pronto, ¿no quieres leer un poco?

-No mamá, prefiero dormirme enseguida para contactar con mi ángel.

La madre se extrañó de ver que su hijo se tomaba tan en serio el tema de los ángeles, pero no hizo ningún comentario.

Al poco rato, Darío se durmió pensando en que quería hablar con Yliel.

-Hola, Darío.

-Hola, Yliel; tenía muchas ganas de hablar contigo, hay un montón de preguntas que quiero hacerte.

Pero antes de que pudiera interrogarle el ángel se anticipó:

-Me parece que no voy a poder volver a verte.

El chico se puso muy triste y le preguntó: -¿Por qué?

-He notado que mi presencia te distrae mucho y no haces bien tus tareas. -¿Qué quieres decir?
-¿Cómo te ha ido hoy el colegio?

-Ya sé a qué te refieres, pero es que en la escuela no me enseñan cosas interesantes y es aburridísimo. Aprendo más cuando hago preguntas a los mayores o hablando contigo.

-Me parece que te equivocas, Darío. Estudiar es muy importante porque lo que aprendéis os ayuda a poder entender vuestro mundo y también el de los ángeles. Sin saber leer no podrías sacar información de los libros y ahora no comprenderías las cosas que te digo; no habrías descubierto, mediante los cuentos, qué son las hadas, los gnomos, las brujas, los ogros y otros personajes que te ayudan a comprender y te hacen más entretenida la vida. Si no hubieras ido a la escuela no sabrías en que día de la semana estamos, cuántos cromos tienes, ni que Wendi necesita los polvos mágicos de Campanita para poder volar; tampoco serías capaz de manejar un ordenador.

-Pero es que ahora, por ejemplo, me están enseñando cosas sobre los volcanes y dicen que son grietas de la corteza terrestre por donde sube un magma a la superficie, que son viejísimos y que hay algunos que se despiertan cada mil años.

¿De que me sirve saber las cosas que han pasado hace tanto tiempo? Cuando vuelvan a pasar seguro que estaré muerto.

-Mira Darío, los hechos del pasado nos sirven para comprender los del futuro. Los volcanes pueden ayudarte a comprender la formación de la Tierra en la que vives.

Darío no estaba muy de acuerdo con lo que acababa de decirle su amigo, pero pensó que ya lo vería más claro en otra ocasión.

-¿Así que crees que me servirá de algo aprender lo que son los volcanes?

-Pienso que van a serte útiles la mayoría de los conocimientos que adquieras en la escuela, pero eres muy joven para comprenderlo todavía. Ahora, lo mejor que puedes hacer es confiar en los mayores y aprender todo lo que seas capaz. Además, imagínate que un día, cuando seas contestador, alguien te pregunta lo que es un volcán.

Aquí el ángel le tocó el punto débil.

-¿Y cómo sabes que quiero ser contestador? ¿Quién te lo ha dicho?

Al chico le sorprendió que Yliel supiera qué quería ser de mayor, teniendo en cuenta que se trataba de una profesión que no existe.

-Nadie me lo ha dicho. Donde yo vivo todo se sabe, no hay secretos, lo sabemos todo de todo el mundo.

-¿Todo? ¿Sabéis si Peter Pan crecerá algún día? ¿Sabéis cuántos hijos tendrán la Bella y la Bestia? ¿Sabéis si Pocahontas se casará con John Smith o si el Jorobado de Notre Damme encontrará una chica que le quiera? ¿Sabéis si Cenicienta castigó a su madrastra y a sus hermanastras después de casarse con el príncipe?, Sabéis ...

-Sí, hasta sabemos quién ganará la liga de fútbol este año - dijo el ángel sabiendo que Darío es un gran aficionado a este deporte - pero son cosas que no te voy a contar porque se perderían la ilusión, el encanto y la sorpresa.

-¿Ganará mi equipo? ¡Va, porfa, dímelo!

-No puedo, si te lo dijera no tendría ninguna emoción la liga.

-¿Pero algún día me lo dirás?

-No lo sé, quizás, ya veremos.

Darío no pudo dejar de pensar en lo alucinados que se quedarían sus compañeros de clase si pudiera darles la respuesta a alguna de estas preguntas.

-Volviendo al tema de la escuela, debes comprender que es importante escuchar a tus profesores y realizar bien tus tareas y si la relación conmigo hace que olvides tus deberes, dejaré de venir a verte.

-No, por favor, no te vayas Yliel, intentaré portarme bien y hacer todo lo que me pides, pero quiero que vengas a verme todos los días.

-No debes hacer las cosas porque yo te lo diga, o por la ilusión de hablar conmigo, es necesario que entiendas que son importantes para ti.

Darío pensó durante un momento en las palabras que acababa de oír, pero le resultaba difícil entenderlas. A veces Yliel hablaba como los mayores.

-Bueno - dijo al final -, intentaré aprender más, ¿vale?

-Muy bien, ahora puedes preguntarme lo que quieras.

-Me gustaría saber qué puedo hacer para ser contestador y adquirir muchos conocimientos en poco tiempo. ¿Tienes alguna fórmula mágica?

El ángel sonrió y le contestó: -La mejor fórmula que conozco es la de escuchar.

-¿Cómo? eso no es magia. Yo ya escucho todo lo que me dicen y siempre hago preguntas a todo el mundo, incluso tengo familiares que me llaman el preguntón.

-En realidad no es exactamente a esto que me refiero, la mayoría de las veces no escuchas, sólo oyes.

-¿Qué quieres decir, no es lo mismo?

-No, hay mucha diferencia. Oyes todos los ruidos que se producen a tu alrededor, oyes los sonidos, las voces, la música, muchas cosas; pero escuchar sólo lo haces cuando estás realmente atento a lo que te dicen o a lo que sucede, es decir, cuando te interesa de verdad y lo que escuchas lo aprendes con más facilidad. Se trata pues de estar el máximo de tiempo posible atento a lo que sucede a tu alrededor. Piensa que tu madre, cuando te hace un encargo, te dice: "escucha bien Darío, tienes que pedir ..." O recuerda la maestra cuando te repite: "¿quieres escuchar lo que te estoy explicando?"

-Me cuesta entender lo que quieres decir.

-Todavía es un poco difícil de comprender para ti. Por ejemplo hay una forma de escuchar que consiste en fijarse cómo están los demás. ¿Recuerdas lo que sucedió el mes pasado? En tu clase habíais elegido trabajar el tema de los fósiles y la maestra os dijo que trajérais toda la información posible.

-Ya me acuerdo, mamá estaba muy enfadada aquel día.

-Eso es, tu madre estaba disgustada porque se le había quemado el estofado que llevaba cocinando toda la tarde. Cuando llegaste, lo estaba retirando del fuego. Tú le preguntaste qué hacía y ella te explicó lo que le había sucedido. Entonces, enseguida, le pediste que te ayudara a buscar la información de los fósiles. Ella se enfadó y no te buscó nada hasta el día siguiente. Ahora yo te pregunto ¿crees que era el mejor momento para pedirle ayuda?

-Pues..., ahora pienso que no, pero ese día me hacía mucha ilusión buscar el material para ser de los primeros en llevarlo al colegio.

-Claro, estabas tan lanzado que no pudiste "escuchar" lo que sucedía. -¿Quieres decir que tenía que haberme dado cuenta de que aquel no era el mejor momento para pedirle ayuda a mamá?

-Evidentemente. Seguro que si hubieras esperado un poco a que se le pasara el enfado, te habría ayudado a buscar la información aquel mismo día.

-Pero yo no tuve la culpa de que se le quemara el estofado.

-No es una cuestión de culpas, sino de estar atento, de escuchar, para poder hacer las cosas en el momento adecuado. ¿Entiendes lo que quiero decirte?

-Creo que sí. Pero, Yliel -dijo Darío cambiando de tema- me dijiste ayer que me explicarías cómo haces para ayudar a los niños.

-Pues mira, cuando ayudo a alguien no suelo utilizar mis poderes de forma directa para solucionar el problema, para no interferir en la vida de las personas. Sólo en casos extremos utilizo algún truco. Para que lo entiendas mejor, te explicaré algunos casos que he solucionado. Pero me parece que ya te he dado suficiente información por hoy. Si todo va bien, volveremos a vernos mañana y te contaré cómo ayudé a un niño que quería volar.

-¿Le ayudaste a volar?

-Mañana lo sabrás. Adiós.

-Adiós.

Darío no tuvo apenas tiempo de despedirse, su madre ya estaba a los pies de su cama tratando de despertarlo:

-Vamos, dormilón, que hay que ir al colegio.

El chico estaba muy contento y tenía ganas de explicar su experiencia. Todavía resonaban las palabras dentro de su cabeza: " No es suficiente con oír, sino que también hay que escuchar".
-Mamá, he vuelto a ver a Yliel

-Buenos días, cariño, así que has vuelto a hablar con tu ángel, y ¿qué te ha dicho esta vez?

-Sí mamá, pero no es mi ángel, dice que el mío se llama Rochel. Me ha estado diciendo que se aprende mucho en la escuela y me ha hablado de la importancia de saber escuchar, que no te vayas a creer que es lo mismo que oír. Además me ha explicado que en su mundo todo se sabe, pero todo, todo. Fíjate que hasta sabía que quiero ser contestador.

-Muy bien hijo.

Su padre que había oído la conversación y era muy bromista aprovechó para decirle: -Oye, ya que lo sabe todo, pregúntale por qué se estropea tanto el ascensor en esta escalera - dijo sonriendo -, que ayer tuve que volver a subir andando.

El hombre estaba contento porque veía a su hijo ilusionado, pero la madre le comentó cuando Darío ya se había ido al colegio:

-¿Crees que es bueno que el niño crea tanto en estas cosas?

-No me parece malo que sueñe con un ángel y menos aún si le dice que tiene que estudiar, no te preocupes.

Ese día fue al colegio, pero las cosas fueron muy distintas del día anterior. Darío se esforzó por portarse bien; hizo el trabajo que le tocaba; no hubo distracciones, ni riñas, ni castigos, y aunque le costase todavía creérselo, pensó muy seriamente que lo que estaba estudiando le serviría algún día.

Además intentó "escuchar" lo que sucedía a su alrededor, lo cual le permitió darse cuenta de que Andrés, un amigo de clase, estaba triste porque su padre había vuelto a marcharse de viaje.

-Andrés, ¿jugamos al "pilla-pilla"?

-No tengo ganas, estoy enfadado con mi padre. Esta vez se ha ido a Dijon.

-¿Y eso dónde está?

-Lejos, en Francia. Me parece que es donde hacen la mostaza.

-Pero tu padre cada vez que vuelve de viaje te trae un regalo.

-No quiero ningún regalo, prefiero estar con él.

-Va, juguemos.

Darío se puso a jugar con él y lo animó.

El niño empezaba a intuir que la relación con Yliel iba a transformar su vida.

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