Luna nueva angélica de octubre

Esta Luna nueva va a resultar muy especial, porque se da una configuración astral fuera de serie, que sólo se ve de vez en cuando y que ayudará a muchas personas a ver la luz al final del túnel, a comprender su situación actual y a salir del territorio de la crisis…

Si os fijáis en el esquema del Árbol de la Vida (cuyo dibujo tenéis a la izquierda), veréis como hay 5 flechas de Ida (camino de la materia) y 14 flechas de Retorno (camino de la espiritualidad). Este dato, por sí solo, ya nos indica que las fuerzas van a estar inclinadas hacia arriba, que representa la comprensión de nuestro proyecto de vida, la unión con el Ego Superior, con la Chispa Divina.

Pero lo más sintomático es que las subidas por la derecha y por el centro están diáfanas, es decir, libres de obstáculos (tanto se puede subir de Malkuth a Hochmah, pasando por Netzah y Hesed, como pasando por Yesod y Tiphereth). Esta es una configuración muy poco corriente y significa que los caminos hacia el conocimiento, por la columna de la derecha (sabiduría) y la del Centro (Equilibrio) están abiertos para que los recorramos sin tropiezos. Resultará así fácil elevarnos y poder comprender realidades que ahora se nos escapan. Contaremos, además, con la inteligencia de Mercurio; la iluminación de Urano; la armonía de Venus y la fuerza de Plutón, todos ellos situados en la Columna de la derecha.

Yo sugeriría que en los 3 primeros días de la Luna (el 29, 30 y 31/10) hicierais una meditación, preguntando por el camino que debéis seguir para que las cosas os vayan bien.

Se activan nuevas energías con la entrada de la Luna nueva, que se produce a 5.54º del signo de Escorpio, a las 23.14 horas (0.14 del 29, hora española).

Los ángeles de regencia de la Luna nueva son el 44 Ylahiah (físico) y el 72 Mumiah (emotivo). El primero dará valor en los momentos difíciles y podremos conquistar la celebridad (ser reconocidos en nuestro ambiente); con el segundo encontraremos facilidades para finalizar procesos, para renacer y desprendernos de malos hábitos.

44.- YLAHIAH (Dios Eterno)

Lo que puede obtenerse de YLAHIAH:

1.- Protección de los magistrados para ganar un proceso.
2.- Protección contra las armas, atentados, ladrones y delincuentes.
3.- Proporciona valor en los momentos difíciles.
4.- La conquista de la celebridad por una hazaña singular.
5.- Protege contra los impulsos violentos.

YLAHIAH es el cuarto del coro de Virtudes y se ocupa en Tiphereth de los asuntos relacionados con Gueburah; sitúa en nuestra morada nº44 la esencia llamada Talento Militar, que nos permite ganar batallas en la gran guerra de la vida. A medida que avanzamos en el camino evolutivo, las injusticias se acumulan en nosotros porque utilizamos preferentemente las energías que nos suministran las huestes infernales y no las que nos vienen de arriba, y plasmamos en el mundo material algo que es lo contrario de lo que debería ser.

Cuando iniciamos el camino de ascenso por los senderos del Árbol, abandonando las proyecciones materiales para reintegrarnos a nuestra esencia divina, nos encontramos con que todo aquello que hemos desordenado nos estalla en el rostro en forma de karma y nuestra tarea consiste en ordenarlo, rectificando lo que nos salió torcido y resarciendo por sus pérdidas a las personas que salieron perjudicadas, las cuales se presentan ante nosotros con su factura en la mano. Esta situación tiene la apariencia de una guerra en la que todos nuestros perjudicados forman un frente común y nuestro militar interno tiene que desplegar toda una estrategia para ganar esa guerra. Ganarla no significa aniquilar al enemigo y llevarlo a la rendición, sino complacerlo en aquello que nos pide, dejándolo así desarmado. YLAHIAH nos facilita las armas para ese combate. En sus días y en sus horas, estaremos en buenas disposiciones para alcanzar la paz y vernos libres del enemigo que hemos generado con nuestras acciones injustas.

Este genio sirve para conseguir la protección de los magistrados y para ganar un proceso, dice el programa. Se trata del proceso del que hablábamos más arriba: el que consiste en restituir a los demás lo que en otro tiempo les quitamos, o en indemnizarlos por los errores que pudieran haber cometido inducidos por nosotros. Nuestra disposición interna, favorable a esa restitución, hace que los representantes de la justicia divina estén de nuestro lado, como lo están siempre cuando nos inclinamos hacia lo justo. YLAHIAH, con sus esencias, pone en nosotros el afán de justicia; el afán de encontrar a los protagonistas de nuestro pasado y de saldar cuentas con ellos. Cuando ese deseo florece en nuestro corazón, recibimos la protección de los magistrados, que son agentes de Binah y que hacen que nuestro proceso se desarrolle de una manera favorable para nuestros intereses. Y como todo lo que sucede por dentro acaba plasmándose en el exterior, ese proceso se escenificará y conseguiremos la benevolencia de los magistrados.

Así pues, si nos vemos atacados en justicia, conviene que utilicemos los días y las horas de YLAHIAH para presentar nuestras alegaciones, para elegir abogado y para hacer todo lo que esté en nuestras manos. Sin embargo, si esa estrategia no se acompaña de una actitud interna favorable a la restitución, en el sentido que ya hemos expresado, no esperemos que los magistrados nos protejan, ya que el ir de listillos por la vida no es algo que mueva a las fuerzas de arriba para que se movilicen a nuestro favor.

Este genio protege contra las armas y da la victoria, dice el programa. Si en un pasado remoto hemos ejercido la injusticia de manera violenta, por ejemplo dando muerte a nuestros adversarios, ahora la guerra que vamos a vivir puede ser cruenta, enfrentándonos a personas o a situaciones que ponen en peligro nuestra vida. En este caso, YLAHIAH nos otorgará su protección, siempre bajo la condición de que haya en nosotros una disposición favorable a liquidar nuestro karma. Es esa disposición cuando aparece, la que abre las puertas a YLAHIAH para que su esencia penetre en nuestras moradas internas. Si este afán no se manifiesta en nosotros, las esencias del genio caen al abismo y nos son reinsertadas al revés.

Si un día nos vemos amenazados por armas de fuego, conviene que invoquemos a este genio, pero tomando la precaución de desear la liquidación de nuestro karma que, en este caso, ha de ser la disposición a darlo todo con tal de conservar la vida. Los antiguos bandoleros decían a sus víctimas aquello de «la bolsa o la vida», enunciando así una ley cósmica que hace que cuando nuestra vida se ve amenazada por nuestro pasado kármico, podamos sustituir la sentencia a base de darlo todo, dar el fruto de toda una vida, aquello que hemos conseguido con tantos esfuerzos ya que, si perdemos la vida, perderemos al mismo tiempo todas nuestras pertenencias.

A la persona nacida bajo esta influencia le gustará viajar para instruirse y triunfará en todas sus empresas. Se distinguirá por su talento militar y su bravura y su nombre será célebre en los fastos de la gloria, dice el programa. Los viajes son internos antes de ser externos. Liquidar nuestro karma equivale a un viaje, puesto que cambia de golpe el paisaje anímico en el que nos movíamos anteriormente. Desaparece de nuestro horizonte algo que constituía una amenaza, se esfuman los nubarrones, y nos adentramos en un paisaje soleado, como si estuviéramos en otro país. Si al individuo le gusta viajar, ello equivale a decir que le gusta pagar su karma y verse así libre de impedimentos. El viaje hacia el karma resulta siempre instructivo, porque nos damos cuenta de aquello que lo ha provocado; tomamos consciencia del error que un día cometimos y con ello aumenta nuestro nivel de sabiduría.

El triunfo en las empresas es el resultado lógico de la sabiduría adquirida. Si nos damos cuenta de lo que hicimos mal, al mismo tiempo aprendemos a maniobrar de acuerdo con las pautas divinas, y todo lo que hacemos conforme a las leyes universales tiene necesariamente que salir bien, de modo que cualquier empresa que iniciemos después de haber sufrido la catarsis que nos abre la puerta de la ciencia del recto proceder, nos llevará al triunfo.

El talento militar, ya lo hemos dicho más arriba, es el que da la capacidad de resolver de la mejor manera posible los conflictos creados por nuestra forma improcedente de comportarnos en el pasado. Cuando ese talento aparece en nosotros, en la resolución de los problemas internos, aparece también en el exterior y nos convertimos en excelentes militares, con una gran valentía en el combate y capaces de ganar muchas condecoraciones y de ser célebres y gloriosos. Pero esa habilidad exterior debería servirnos para comprender que podemos ganar muchas medallas liquidando viejos karmas.

72.- MUMIAH (Final de todas las cosas)

Lo que puede obtenerse de MUMIAH:

1.- Hacer que toda experiencia llegue a sus últimas consecuencias.
2.- Distinguirse en la medicina y conseguir curas maravillosas.
3.- Desvelar secretos de la naturaleza.
4.- Prodiga cuidados y alivio a los pobres y a los enfermos.
5.- Protege contra el desespero y las tendencias suicidas.

MUMIAH es el octavo y último del coro de Ángeles y se ocupa en Yesod de los asuntos relacionados con el propio Yesod; sitúa en nuestra morada filosofal 72 la esencia llamada Renacer. MUMIAH se encarga de cerrar las puertas de un ciclo; de encerrar en nuestro tubo catódico interno las pulsiones emitidas por los distintos centros, reconvirtiéndolas en imágenes que aparecerán en la pantalla de nuestro televisor personal. Pero, al mismo tiempo, pondrá en ellas el germen de una nueva vida.

Es ley natural que cada fruto contenga las semillas de una nueva floración. MUMIAH deposita en nosotros lo que ha de ser el fermento del futuro, compuesto por agentes de sus legiones que, introducidos en la morada filosofal correspondiente, hacen que en aquello que termina renazca una nueva vitalidad. Por consiguiente, si almacenamos en la morada 72 las esencias de MUMIAH, veremos que al vivir el final de cualquier situación, se anuncia ya el amanecer de un nuevo ciclo. Si estamos al día en las esencias de este genio, todo final de etapa supondrá para nosotros el inicio de un nuevo ciclo creador.

Sin embargo, hemos de guardarnos de poner fin a una situación de manera arbitraria, rompiendo con unas relaciones, con una situación laboral o con cualquier otra porque no la soportamos más, ya que en este caso, ocurre como con los suicidas, que al poner término por voluntad propia a su vida, se encuentran con que las amarras que los ataban a sus arquetipos siguen existiendo y aunque están muertos, les da la impresión de que siguen aún con vida, pero sin disponer de un cuerpo físico. Dar por terminada una experiencia cuando aún no lo está realmente, es como suicidarse en aquel asunto particular y su problemática seguirá viva, interfiriendo en nuestra existencia, reclamándonos una y otra vez, aunque nosotros la demos por muerta.

Recuerdo ahora mismo el caso de una persona que en un momento dado se dio de baja de una sociedad en la que había desarrollado una gran labor. Durante años recibió llamadas telefónicas de miembros de dicha sociedad, instándole para que volviera a ella. No sólo lo llamaban, sino que se presentaban en su casa con comida preparada para cenar y se pasaban luego horas hablando, prometiéndole volver dentro de muy poco, sin que el hombre lograra sacárselos de encima. Es evidente que esa persona no había terminado el ciclo natural de relaciones con esa organización, por más que se hubiese dado de baja. Cuando el ciclo natural termina, todas las fuerzas del universo confluyen para producir ese final, y la evidencia misma nos dice que aquello no puede ir más allá. Es entonces cuando actúan los agentes cósmicos que se ocupan de la creación del futuro.

Ahora mismo, al escribir este texto, la Unión Soviética se ha convertido en un régimen presidencial; Alemania del Este va a las urnas y, de los países occidentales, sólo en Cuba hay comunismo. No es una casualidad el que la ideología comunista se implantara en Rusia hace exactamente 72 años, ya que al estar el año 72 regido por MUMIAH, éste ha ejercido su mandato poniendo fin al ciclo marxista. Ahora el mundo entero espera que los comunistas se conviertan a la fe capitalista, pero si lo que estamos diciendo es cierto, MUMIAH hará renacer, en el cadáver del comunismo, una vida conforme al potencial del ciclo que termina. Una vida que arranca con mucha fuerza, impulsada por VEHUIAH, el primero de los genios, que lleva en sí todos los poderes del Aleph y que es capaz de arrastrar los impulsos titubeantes, que se encuentran cansados en mitad de camino. Veremos si los países del Este, en lugar de fundirse con los capitalistas, no succionan a éstos para inaugurar una nueva forma de vivir. (Añadiremos también que en 1929 hubo el crash en EEUU, la llamada gran depresión económica y 72 años más tarde, en el 2001, fueron derribadas las torres gemelas junto con 8 edificios más en Wall Street, el centro económico de Nueva York. Otra anécdota, en el 36 se inició la guerra Civil y 72 años más tarde, en 2008, un juez pide que se exhumen cadáveres de esa guerra).

Las personas nacidas bajo la influencia de MUMIAH serán portadoras de Final; serán las trompetas anunciadoras de que un ciclo se termina y que otro va a empezar. Lo que se termina, puede ser la vida, una relación, un empleo, una militancia, una fe... algo, está a punto de desaparecer en nuestra existencia cuando, de alguna forma, aparece ante nosotros el rostro de MUMIAH. También puede ser el fin de una enfermedad, de un período de miseria, el final de una opresión, de una desesperanza. Y, del mismo modo diremos que los días y las horas de MUMIAH serán propicios para poner fin a cualquier empresa humana. Por estas mismas razones es obvio que deberemos evitar la creación de una empresa, el comienzo de cualquier cosa, en los días y en las horas de regencia de este genio, ya que ello constituiría una garantía de que la empresa no iba a llegar muy lejos, sea material o espiritual.

No es un buen momento para casarse, para establecer una relación. Y como un día es igual a un año en el mundo de las analogías, el año 72 de vida de una persona o de una empresa será crítico, y para seguir viviendo será preciso proceder a una total reorganización, a un cambio profundo y sólo subsistirán después de los 72 años las personas susceptibles de soportar tal cambio.

Este genio protege en todas las operaciones misteriosas, hace que se acierte en toda cosa y conduce toda experiencia a su fin, dice el programa. Esas operaciones misteriosas son las que realiza MUMIAH al integrar en nuestra naturaleza interna todas las notas que componen el guión de la experiencia que va a desarrollarse. Muchas veces, en nuestros estudios, hemos comparado la Luna/Yesod con un televisor, porque este aparato realiza la operación misteriosa que consiste en convertir en imágenes las pulsiones que recibe del centro emisor. Si el aparato no acertara en la realización de sus operaciones, si no las llevara a buen fin, las imágenes de la pantalla saldrían borrosas o no llegarían ni tan siquiera a salir.

En la vida real, esto se traduce por una lucidez al desentrañar el sentido de lo que nos está ocurriendo, por una comprensión exacta del argumento. El hombre de MUMIAH entiende el sentido de las cosas y sabe extraer el jugo de la experiencia en curso; llega al final en todo lo que emprende, a ese final en el que el bueno de la película se manifiesta rotundamente así, disipándose todas las dudas, y el malo, el culpable, es desenmascarado con pruebas contundentes.

Domina sobre la química, la física y la medicina, influyendo sobre la salud y la longevidad de la vida. La persona nacida bajo esta influencia se distinguirá en la medicina y se hará célebre por sus curas maravillosas, desvelará varios secretos de la naturaleza, que harán la felicidad de los hijos de la tierra y se consagrará al alivio de los pobres y los enfermos, termina el programa. Como decíamos al principio, en lo terminal se encuentran los gérmenes de una renovación. En el mismo mal están las semillas de la salud, suscitando en el enfermo las ideas, los sentimientos que lo llevarán a la recuperación de la salud. Esa recuperación pasa por un cambio en los componentes químicos de su organismo.

Cuando esos cambios se producen, aparece la cura maravillosa que nadie se explicará. El hombre de MUMIAH suscita esos cambios con su sola presencia, y eligiendo la profesión de médico estará haciendo lo que debe hacer, estará en su puesto. La desvelación de secretos de la naturaleza, se produce cuando se llega hasta el final de una investigación, de un estudio. La mayoría de los hombres se quedan en mitad de camino en aquello que emprenden, debido al cansancio, a la desilusión, al encuentro con la adversidad. Son muy pocos los que llegan al final, pero cuando lo hacen, aparece la recompensa que supone el descubrimiento. El influenciado por MUMIAH no se desanima, va hasta el final y al llegar a la meta descubre la ley según la cual los últimos son los primeros y se consagra al servicio de esos últimos.

Tristán Llop, Talismanes y Amuletos para una nueva Era
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He visto la Luz

Imagino que con este título, esperáis que os cuente, como mínimo, una experiencia mística y quizá lo haga… En todo caso os voy a explicar una experiencia propia y os voy a decir la forma en que vosotros también podéis vivirla…

El otro día recibí un libro que me regaló su escritora, Rosa Villada, colaboradora de este blog (escribió los artículos sobre el Camino de Santiago). Se trata de su última obra publicada: El Juego de Dios. Yo siempre suelo tener más de un libro empezado y aparco los que me llegan hasta terminar los que están en curso (en este momento 3). Pero con el de Rosa fue distinto, me atrajo de forma especial, como si estuviera magnetizado, al punto que sentí la necesidad de empezar a leerlo enseguida.

Esa misma noche empecé a devorar sus páginas y fui literalmente absorbido por la energía que destila. Se trata de una novela iniciática, que nos marca las tribulaciones de un personaje, desde que nace, hasta que toma conciencia de su búsqueda de la luz. Marca, en cierto modo, todos los estados de ánimo por los que pasamos en nuestro peregrinaje por ese mítico Camino de Santiago. Su trama te atrae, te envuelve, como si reflejara tus propios estados de ánimo, en un día, en un año, en una vida.

Rosa ha conseguido, además, que su novela te absorba, te empuje a seguir, como lo haría un Código Da Vinci, por ejemplo. Pero, al mismo tiempo, te permite, a cada capítulo, recapitular tu propia historia para resituarte y ver en qué punto del camino te encuentras.

En El Juego de Dios aparecen las alegrías y las tristezas, las dudas y las tomas de conciencia, la luz y la oscuridad, la violencia y el amor, en suma… la vida. Es una historia de libertad y de búsqueda de la energía femenina.

Recomiendo vivamente esta novela a todo aquel que se encuentra en un camino de búsqueda existencial y os paso la dirección web de Rosa: http://webs.ono.com/rosavillada/

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Manu Tenorio y Silvia Casas, una boda mágica

El 10/10 fuimos invitados (mi mujer y yo) a una boda muy especial, la de mi amigo Manu Tenorio con Silvia Casas y quiero comentaros un par de cosas de este evento porque me parecieron especiales y para dar ideas a quienes quieran unirse o reactivar su relación…

Primero decir que el lugar en el que tuvo lugar la boda, una finca de el Escorial, un paraje maravilloso, con un lago lleno de cisnes que le dan majestuosidad. Allí en plena naturaleza, se percibe un aire de libertad, lo cual refuerza la idea de que la unión de dos personas debe hacerse en libertad.

En la misma finca hay una pequeña iglesia, con un encanto muy particular. Nada más entrar, te recibe la enorme figura del Arcángel Miguel, que te da la bienvenida a un espacio mágico. Pero además, Silvia se encargó de preparar la iglesia como si fuera un pequeño templo del amor.

Un día conversamos con Manu y Silvia sobre el amor y sus símbolos y fue bonito ver cómo Silvia había plasmado parte de nuestra charla en su boda.

En el pasillo central, en el suelo, junto a cada banco, había una vela rodeada de pétalos de rosa. La vela representa la luz y la rosa el amor. Así se unían luz y amor para acompañar a la celebración. Pero además, las velas estaban dentro de un pequeño vaso lleno de una arena especial de color oro en el fondo. El oro es de un valor inalterable. Así el simbolismo que se le estaba dando es que aquel iba a ser un amor inalterable y muy cotizado.

Para más deleite del personal, una cantante de ópera amenizó la ceremonia cantando como los mismos ángeles.

La energía que circuló en esta boda fue realmente mágica, al punto que cuando entró la novia, se la veía tan luminosa que a Manu se le escaparon las lágrimas.

Cuando salieron de la iglesia, abrieron una pequeña caja de colores de la que salieron dos preciosas y enormes mariposas, que echaron a volar. Lo cual simbolizaba la armonía y la libertad que iba a presidir dicha unión.

También quiero comentar que Manu y Silvia me pidieron un talismán que diera suerte para regalar a sus 200 invitados y yo les facilité el protector phone, con mis mejores deseos.

Ah, y antes de acabar, quiero recordaros que ha salido ya el último disco de Manu Tenorio, Tres palabras y os aconsejo que lo compréis, porque tiene mucha fuerza.

Tristán (Talismanes y Amuletos para una nueva Era)
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El método de oración Hesicasta

Un amigo me ha pasado esta bonita historia sobre la meditación y quiero compartirla.

Cuando X, un joven filósofo, llegó al Monte Athos, había leído ya un cierto número de libros sobre la espiritualidad ortodoxa, particularmente la pequeña filocalia de la oración del corazón en los relatos del peregrino ruso. Estaba seducido sin estar verdaderamente convencido. Una liturgia vivida en su ciudad le había inspirado el deseo de pasar algunos días en el Monte Athos, con ocasión de sus vacaciones en Grecia, para saber un poco más sobre el método de la oración de los hesicastas, esos silenciosos a la búsqueda de "hesychia", es decir, de paz interior...
Contar con detalle cómo llegó al padre Serafín, que vivía en un eremitorio próximo a San Pantaleón, sería demasiado largo. Digamos únicamente que el joven filósofo estaba un poco cansado. No encontraba a los monjes a la altura de sus libros. Digamos también que, si bien había leído varios libros sobre la meditación y la oración, no había rezado verdaderamente ni practicado una forma particular de meditación y lo que pedía en el fondo no era un discurso más sobre la oración o la meditación sino una "iniciación" que le permitiera vivirlas y conocerlas desde dentro por experiencia y no sólo de "oídas".
El padre Serafín tenía una reputación ambigua entre los monjes de su entorno. Algunos le acusaban de levitar, otros de que gritaba y gemía, algunos le consideraban como un campesino ignorante, otros como un venerable staretz inspirado por el Espíritu Santo y capaz de dar profundos consejos así como de leer en los corazones.
Cuando se llegaba a la puerta de su eremitorio, el padre Serafín tenía la costumbre de observar al recién llegado de la manera más impertinente: de la cabeza a los pies, durante cinco largos minutos, sin dirigirle ni una palabra. Aquéllos a quienes ese examen no hacía huir, podían escuchar el áspero diagnóstico del monje:
En usted no ha descendido más abajo del mentón.
De usted, no hablemos. Ni siquiera ha entrado.
Usted... no es posible... qué maravilla. Ha bajado hasta sus rodillas...
Hablaba del Espíritu Santo y de su descenso más o menos profundo en el hombre. Algunas veces a la cabeza, pero no siempre al corazón ni a las entrañas... Así es como juzgaba la santidad de alguien, según su grado de encarnación del espíritu. El hombre perfecto, el hombre transfigurado, era para él el habitado todo entero por la presencia del Espíritu Santo de la cabeza a los pies. "Esto no lo he visto sino una vez en el staretz Silvano, decía, era verdaderamente un hombre de Dios, lleno de humildad y de majestad".
El joven filósofo no estaba aún ahí. El Espíritu Santo sólo había encontrado paso en él "hasta el mentón". Cuando pidió al padre Serafín que le hablase de la oración del corazón y de la oración pura según Evagiro Póntico, el padre Serafín comenzó a gemir. Esto no desanimó al joven, que insistió. Entonces el padre Serafín le dijo: "Antes de hablar de la oración del corazón, aprende primero a meditar como la montaña...". Y le mostró una enorme roca: "Pregúntale cómo hace para rezar. Después vuelve a verme".
Meditar como una montaña.
Así comenzó para el joven una verdadera iniciación al método de oración hesicasta. La primera meditación que le habían propuesto se refería a la estabilidad, al enraizamiento de un buen cimiento.
En efecto, el primer consejo que se puede dar al que quiere meditar no es de orden espiritual sino físico: siéntate. Sentarse como una montaña quiere decir tomar peso, estar grávido de presencia. Los primeros días al joven le costaba mucho quedarse inmóvil, con las piernas cruzadas, con la pelvis ligeramente más alta que las rodillas. Una mañana sintió realmente lo que quería decir meditar como una montaña. Estaba allí con todo su peso, inmóvil. Formaba una sola cosa con ella, silencioso bajo el sol. Su noción del tiempo había cambiado ligeramente. Las montañas tienen un tiempo distinto, otro ritmo. Estar sentado como una montaña es tener la eternidad delante, es la actitud justa para el que quiere entrar en la meditación: saber que está la eternidad detrás, adentro y delante de sí.
Antes de construir una iglesia es necesario ser piedra y sobre esta piedra (esta solidez imperturbable de la roca) Dios podría construir su Iglesia y hacer del cuerpo del hombre su templo. Así comprendía el sentido de la palabra evangélica: "Tú eres piedra y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia".
Se quedó así varias semanas. Lo más duro era pasar varias horas "sin hacer nada". Era menester volver a aprender a estar, simplemente estar, sin objeto ni motivo. Meditar como una montaña era la meditación misma del Ser, "del simple hecho de Ser", antes de cualquier pensamiento, cualquier placer o dolor.
El padre Serafín le visitaba cada día, compartía con él sus tomates y algunas aceitunas. A pesar de este régimen tan frugal, el joven parecía haber ganado peso. Su paso era más tranquilo. La montaña parecía haberle entrado en la piel. Sabía acoger su tiempo, acoger las estaciones, estar silencioso y tranquilo, a veces como la tierra árida y dura, otras veces como el flanco de una colina que espera la cosecha.
Meditar como una montaña había modificado igualmente el ritmo de sus pensamientos. Había aprendido a "ver" sin juzgar, como si diese a todo lo que crece en la montaña "el derecho de existir".
Un día, unos peregrinos, impresionados por la calidad de su presencia, le tomaron por un monje y le pidieron la bendición. Al enterarse de esto, el padre Serafín comenzó a molerle a golpes... El joven empezó a gemir.
"Menos mal, creía que te habías hecho tan estúpido como los guijarros del camino... La meditación hesicasta tiene el enraizamiento, la estabilidad de las montañas, pero su objetivo no es hacer de ti un tocho muerto sino un hombre vivo".
Tomó al joven del brazo y le condujo hasta el fondo del jardín donde, entre las hierbas salvajes, se podían ver algunas flores.
"Ahora ya no se trata de meditar como una montaña estéril. Aprende a meditar como una amapola, aunque no olvides por eso la montaña".
Meditar como una amapola
Así fue como el joven aprendió a florecer.
La meditación es ante todo un cimiento y eso es lo que le había enseñado la montaña. Pero la meditación es también una "orientación" y es lo que ahora le enseñaba la amapola: volverse hacia el sol, volverse desde lo más profundo de sí mismo hacia la luz. Hacer de ello la aspiración de toda su sangre, de toda su savia.
Esta orientación hacia lo bello, hacia la luz, le hacía a veces enrojecer como una amapola. Aprendió también que para permanecer bien orientada, la flor debía tener el tallo erguido. Comenzó, pues, a enderezar su columna vertebral.
Esto le planteaba algunas dificultades porque había leído en ciertos textos de la filocalia que el monje debía estar ligeramente curvado, con la mirada vuelta al corazón y las entrañas.
Cuando pidió una explicación al padre Serafín, los ojos del staretz le miraron con malicia. "Eso era para los forzudos de otros tiempos. Estaban llenos de energía y había que recordarles la humildad de la condición humana. Doblarse un poco el tiempo de la meditación no les hacía ningún daño... pero tú más bien tienes necesidad de energía y por tanto, en el tiempo de la meditación, enderézate, estáte vigilante, ponte derecho, vuelto hacia la luz, pero sin orgullo... por otro lado, si observas bien la amapola, te enseñará no sólo el enderezamiento del tallo sino además una cierta flexibilidad bajo las inspiraciones del viento y también una gran humildad".
En efecto la enseñanza de la amapola consistía también en su fugacidad, en su fragilidad. Había que aprender a florecer pero también a marchitarse. El joven comprendía mejor las palabras del profeta: "Toda carne es como la hierba y su delicadeza es la de la flor de los campos. La hierba se seca, la flor se marchita... Las naciones son como una gota de agua de rocío en el borde de un cubo... Los jueces de la tierra apenas plantados, apenas arraigados..., se secan y la tempestad se los lleva como paja" (Is 40).
La montaña le había enseñado el sentido de la eternidad.
La amapola le enseñaba la fragilidad del tiempo:
Meditar es conocer lo Eterno en la fragilidad del instante, un instante recto, bien orientado. Es florecer el tiempo en que se nos ha dado florecer, amar en el tiempo en que se nos ha dado amar, gratuitamente, sin porqué: ¿por qué florecen las amapolas?
Aprendía así a meditar "sin objeto ni beneficio", por el placer de ser y de amar la luz. "El amor tiene en sí mismo su propia recompensa", decía San Bernardo. "La rosa florece porque florece, sin porqué", decía también Angelus Silesius. La montaña florece en la amapola, pensaba el joven, todo el universo medita en mí. Ojalá pueda enrojecer de alegría todo el tiempo que dure mi vida". Este pensamiento era sin duda excesivo. El padre Serafín comenzó a sacudir a nuestro filósofo y de nuevo le cogió por el brazo.
Lo llevó por un camino abrupto hasta el borde del mar, a una pequeña cala desierta. "Deja ya de rumiar como una vaca el sentido de las amapolas. Adquiere también el corazón marino. Aprende a meditar como el océano".
Meditar como el océano
El joven se acercó al mar. Había adquirido un buen cimiento y una orientación recta; estaba en buena postura. ¿Qué le faltaba? ¿Qué podía enseñarle el chapoteo de las olas? El viento se levantó. El flujo y reflujo del mar se hizo más profundo y eso despertó en él el recuerdo del océano. En efecto, el viejo monje le había aconsejado meditar "como el océano" y no como el mar. Cómo había adivinado que el joven había pasado largas horas al borde del Atlántico, sobre todo de noche, y que conocía ya el arte de poner de acuerdo su respiración con la gran respiración de las olas. Inspiro, expiro... y luego soy inspirado, soy expirado. Me dejo llevar por el soplo como alguien que se deja llevar por las olas. Hacía el muerto, llevado por el ritmo de las respiraciones del océano. Eso le había conducido a veces al borde de extraños desvanecimientos. Pero la gota de agua, que en otro tiempo "se desvanecía en el mar" guardaba hoy su forma, su consciencia. ¿Era efecto de su postura? ¿De su enraizamiento en la tierra? Ya no era el ritmo profundizado de su respiración quién le llevaba. La gota de agua conservaba su identidad y sin embargo sabía "ser una" con el océano. De este modo el joven aprendió que meditar es respirar profundamente, dejar ir el flujo y reflujo del aliento.
Aprendió igualmente que aunque hubiese olas en la superficie, el fondo del océano seguía estando tranquilo. Los pensamientos van y vienen, nos llenan de espuma, pero el fondo del ser permanece inmóvil. Meditar a partir de las olas que somos para perder pie y echar raíces en el fondo del océano. Todo esto se hacía cada día un poco más vivo en él y se acordaba de las palabras de un poeta que le habían impresionado en su adolescencia: "La existencia es un mar lleno de olas que no cesan. De este mar la gente normal sólo percibe las olas. Mira cómo de las profundidades del mar aparecen en la superficie innumerables olas mientras que el mar queda oculto en ellas".
Hoy el mar le parecía menos "oculto en las olas", la unidad de las cosas parecía más evidente sin que esto aboliera la multiplicidad. Tenía menos necesidad de oponer el fondo y la forma, lo visible y lo invisible. Todo constituía el océano único de su vida.
En el fondo de su alma, ¿no estaba el ruah, el pneuma, el gran soplo de Dios?
"El que escucha atentamente su respiración, le dijo entonces el monje Serafín, no está lejos de Dios. Escucha quién está ahí, al final de tu expiración, quién está en el origen de tu inspiración". En efecto, había momentos de silencio más profundos entre el flujo y reflujo de las olas, había allí algo que parecía llevar en sí el océano.
Meditar como un pájaro
Estar sobre un buen cimiento,
estar orientado hacia la luz,
respirar como un océano
…no es todavía la meditación hesicasta, le dijo el padre Serafín; ahora debes aprender a meditar como un pájaro.
Y le llevó a una pequeña celda cercana a su eremitorio donde vivían dos tórtolas. El arrullo de los dos animalitos le pareció de momento encantador pero no tardó en ponerle nervioso. Parece que escogían el momento en que caía dormido para arrullarse con las palabras más tiernas. Preguntó al viejo monje que significaba todo aquello y si esa comedia iba a durar mucho. La montaña, la amapola, el océano, podían pasar (aunque uno pueda preguntarse qué hay de cristiano en todo ello), pero proponerle ahora este pájaro lánguido como maestro de meditación era demasiado.

El padre Serafín le explicó que en el Antiguo Testamento la meditación se expresa con la raíz traducida en general al griego por m‚l‚t‚ (meletan) y en latín por meditari-meditatio.
→En su forma primitiva la raíz significa "murmurar a media voz". →Igualmente se emplea para designar gritos de animales, por ejemplo el rugido del león (Is 31,4), el piar de la golondrina y el canto de la paloma (Is 38,14), pero también el gruñido del oso.
"En el monte Athos no hay osos. Por eso te he traído junto a una tórtola, pero la enseñanza es la misma. Hay que meditar con la garganta, no sólo para acoger el aliento, sino para murmurar el nombre de Dios día y noche... Cuando eres feliz, casi sin darte cuenta canturreas, murmuras a veces palabras sin significado y ese murmullo hace vibrar todo tu cuerpo con una alegría sencilla y serena. Meditar es murmurar como una tórtola, dejar subir ese canto que viene del corazón, como tú has aprendido a dejar que suba a ti el perfume de la flor... Meditar es respirar cantando. Sin quedarnos mucho en su significado, te propongo que repitas, murmures, canturrees lo que está en el corazón de todos los monjes del monte Athos:
"Kyrie eleison, Kyrie eleison... "
Esto no le gustaba mucho al joven filósofo. En algunas bodas o entierros lo había oído traducido por: "Señor, ten piedad". El monje sonrió: "Sí, es uno de los significados de esta invocación, pero hay otros muchos. Quiere decir también "Señor, envía tu Espíritu", que tu ternura esté sobre mi y sobre todos", "que tu nombre sea bendito", etc, pero no busques demasiado el sentido de la invocación. Ella se te revelará por sí misma. De momento sé sensible y estáte atento a la vibración que despierta en tu cuerpo y en tu corazón. Procura armonizarla apaciblemente con el ritmo de tu respiración. Cuando te atormenten tus pensamientos recurre suavemente a esta invocación, respira más profundamente, manténte erguido y conocerás el comienzo de la hesiquia, la paz que da Dios sin engaño a los que le aman".
Al cabo de algunos días el "Kyrie eleison" se le hizo más familiar. Le acompañaba como el zumbido acompaña a la abeja cuando hace la miel. No lo repetía siempre con los labios. El zumbido se hacía entonces más interior y su vibración más profunda.
El "Kyrie eleison" cuyo sentido había renunciado a "pensar" le conducía a veces al silencio desconocido y se encontraba en la actitud del apóstol Tomás cuando descubrió a Cristo resucitado: "Kyrie eleison", mi Señor es mi Dios.
La invocación le llevaba poco a poco a un clima de intenso respeto por todo lo que existe. Pero también de adoración por lo que está oculto en la raíz de toda existencia.
El padre Serafín le dijo entonces: "Ya no estás lejos de meditar como un hombre. Tengo que enseñarte la meditación de Abraham".
Meditar como Abraham
Hasta aquí la enseñanza del staretz era de orden natural y terapéutico. Según el testimonio de Filón de Alejandría, los antiguos monjes eran "terapeutas". Más que conducir a la iluminación, su papel consistía en curar la naturaleza; ponerla en las mejores condiciones para que pudiera recibir la gracia, que no contradecía la naturaleza sino que la restauraba y cumplía.
Es lo que hacía el monje con el joven filósofo enseñándole un método de meditación que algunos podrían llamar "puramente natural". La montaña, la amapola, el océano, el pájaro, eran otros tantos elementos de la naturaleza que recuerdan al hombre que debe ir más lejos, recapitular, los diferentes niveles del ser o incluso los diferentes reinos que componen el macrocosmos: el reino mineral, el reino vegetal, el reino animal... A menudo el hombre ha perdido el contacto con el cosmos, con la roca, con los animales y esto ha provocado en él desazones, enfermedades, inseguridades, ansiedad. La persona humana se siente "de más", extranjera en el mundo.
Meditar era comenzar a entrar en la meditación y la alabanza del universo porque, como dicen los Padres, "todas las cosas saben rezar antes que nosotros". El hombre es el lugar en que la oración del mundo toma consciencia de ella misma; está para nombrar lo que balbucean las criaturas. Con la meditación de Abraham entramos en una consciencia nueva y más alta que se llama fe, es decir, la adhesión de la inteligencia y del corazón en ese "tú" que se transparenta en el tuteo múltiple de todos los seres.
Esa es la experiencia de Abraham: detrás del titilar de las estrellas hay algo más que estrellas, una presencia difícil de nombrar, que nada puede nombrar y que sin embargo posee todos los nombres.
Es algo más que el universo y que sin embargo no puede ser aprehendido fuera del universo. La diferencia que hay entre el azul del cielo y el azul de una mirada, más allá de todos los azules. Abraham iba a la búsqueda de esa mirada.
Después de haber aprendido el cimiento,
El enraizamiento,
La orientación positiva hacia la luz,
La respiración apacible de los océanos,
El canto interior…
…el joven estaba invitado a despertar el corazón.
"He aquí que de repente tú eres alguien". Lo propio del corazón es, en efecto, personalizarlo todo y en este caso, personalizar al Absoluto, la fuente de todo lo que es y respira, nombrarlo, llamarle "mi Dios, mi Creador" e ir en su Presencia. Para Abraham meditar es mantener bajo las apariencias más variadas el contacto con esta Presencia. Esta forma de meditación entra en los detalles concretos de la vida cotidiana. El episodio de la encina de Mambr nos muestra a Abraham "sentado a la entrada de la tienda, en lo más cálido del día"; allí acoger a tres extranjeros que van a revelarse como enviados de Dios. Meditar como Abraham, decía el padre Serafín, es "practicar la hospitalidad: el vaso de agua que das al que tiene sed, no te aleja del silencio sino que te acerca a la fuente. Meditar como Abraham, ya lo entiendes, no sólo despierta en ti paz y luz sino también el amor por todos los hombres". El padre Serafín leyó al joven el famoso pasaje del libro del Génesis en que se trata de la intercesión de Abraham.
"Abraham estaba delante de Yahvé... se acercó y le dijo: ¿Vas a suprimir al justo con el pecador? ¿Acaso hay cincuenta justos en la ciudad y no perdonarás a la ciudad por los cincuenta justos que hay en su seno...?" Poco a poco Abraham fue reduciendo el número de los justos para que Gomorra no fuera destruida. "Que mi Señor no se irrite y hablaré una vez más: ¿Acaso se encontrarán Diez?" (Gen 18,16)
Meditar como Abraham es interceder por la vida de los hombres, no ignorar su corrupción pero sin embargo no desesperar jamás de la misericordia de Dios.
Este estilo de meditación libera el corazón de cualquier juicio y condena, en todo tiempo y lugar. Aunque sean muchos los horrores que pueda contemplar, llama al perdón y a la bendición.
Meditar como Abraham lleva aún más lejos. Las palabras pugnaban por salir de la garganta del padre Serafín, como si quisiera ahorrar al joven una experiencia por la que él mismo había debido pasar y que despertaba en su memoria un temblor casi sutil... esto puede llevar hasta el sacrificio... y le citó el pasaje del Génesis en que Abraham se muestra dispuesto a sacrificar a su propio hijo Isaac: "Todo es de Dios, murmuró el padre Serafín, Todo es de El, por El y para El. Meditar como Abraham te lleva a una total desposesión de ti mismo y de lo que te es más querido... Busca lo que valoras más, lo que identifica tu yo... para Abraham era su hijo único. Si eres capaz de esta donación, de ese abandono moral, de esa confianza infinita en lo que trasciende toda razón y todo sentido común, todo te será devuelto centuplicado. "Dios proveerá". Meditar como Abraham es adherirse por la fe a lo que trasciende el universo, es practicar la hospitalidad, interceder por la salvación de todos los hombres. Es olvidarse de uno mismo y romper los lazos más legítimos para descubrirnos a nosotros mismos, a nuestros prójimos y al universo habitado por la infinita presencia del "Unico que es".
Meditar como Jesús
El padre Serafín se mostraba cada vez más discreto. Notaba los progresos que hacía el joven en su meditación y oración. Varias veces le había sorprendido con el rostro bañado en lágrimas, meditando como Abraham e intercediendo por los hombres: "Dios mío, misericordia. ¿Que será de los pecadores?". Un Día, el joven fue hacia él y le preguntó: padre ¿por qué no me hablas nunca de Jesús? ¿Cómo era su oración, su forma de meditar? En la liturgia y en los sermones sólo se habla de él. En la oración del corazón, tal como se describe en la filocalia, hay que invocar su nombre. ¿Por qué no me dices nada de eso?".
El padre Serafín pareció turbarse; como si el joven le preguntara algo indecente, como si tuviera que revelar su propio secreto. Cuanto más grande es la revelación recibida, más grande debe ser nuestra humildad para transmitirla. Sin duda no se sentía tan humilde: "Eso sólo el Espíritu Santo te lo puede enseñar. "Quién es el Hijo lo sabe sólo el Padre; quién es el Padre, lo sabe sólo el Hijo y aquél a quien el Hijo se lo quiera revelar" (Lc 10, 22). Tienes que hacerte hijo para rezar como el Hijo y tener con quién él llama su Padre, las mismas relaciones de intimidad que él y esto es obra del Espíritu Santo. El te recordará todo lo que Jesús ha dicho. El evangelio se hará vivo en ti y te enseñará a rezar como hay que hacerlo".
El joven insistió: "Pero dime algo más". El viejo sonrió: "Ahora, lo que mejor podría hacer sería gemir, pero tú lo tomarías como un signo de santidad; por lo tanto mejor será decirte las cosas con sencillez. Meditar como Jesús recapitula todas las formas de meditación que te he transmitido hasta ahora. Jesús es el hombre cósmico... sabía meditar como la montaña, como la amapola, como el océano, como la paloma. Sabía meditar como Abraham. Su corazón no tenía límites, amando hasta a sus enemigos, sus verdugos: "Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen". Practicando la hospitalidad con los que se llamaban enfermos y pecadores, los paralíticos, las prostitutas, los colaboracionistas... Por la noche se retiraba a orar en secreto y allí murmuraba como un niño "abba", que quiere decir "papá"... Esto puede parecer insignificante, llamar "papá" al Dios transcendente, infinito, innombrable, más allá de todo. El cielo y la tierra se acercan terriblemente. Dios y el hombre se hacen una sola cosa... quizás hace falta que alguien te haya llamado "papá" en la oscuridad para comprenderlo... Pero tal vez hoy estas relaciones íntimas de un padre y una madre con su hijo ya no signifiquen nada. Quizás sea una mala imagen. Por eso yo prefería no decirte nada, no usar imágenes y esperar a que el Espíritu Santo pusiera en ti los sentimientos y el conocimiento de Jesucristo para que ese "abba" no saliera de la punta de los labios sino del fondo de tu corazón. Ese día empezarás a comprender lo que es la oración, la meditación de los hesicastas".
Ahora vete
El joven se quedó algunos días más en el monte Athos. La oración de Jesús le llevaba a los abismos, a veces al borde de una cierta "locura". "Ya no soy yo quien vive, es Cristo quien vive en mí", podía decir con san Pablo. Delirio de humildad, de intercesión, de deseo de que "todos los hombres se salven y lleguen al pleno conocimiento de la verdad". Se hacía amor, se hacía fuego. La zarza ardiente ya no era para él una metéfora sino una realidad: "Ardía pero sin consumirse". Fenómenos extraños de luz visitaban su cuerpo. Algunos decía que le había visto andar sobre el agua o estar inmóvil a treinta centímetros del suelo...
Esta vez el padre Serafín se puso a gemir: "¬Ya está bien! Ahora vete". Y le pidió que dejara Athos, que volviera a su casa y que viese allí lo que quedaba de esas bellas meditaciones hesicastas
El joven se fué. Volvió a su país. Lo encontraron más delgado y no vieron nada espiritual en su barba sucia ni en su aspecto descuidado... Pero la vista de su ciudad no le hizo olvidar la enseñanza de su staretz.
Cuando estaba muy agobiado, sin nada de tiempo, se sentaba como una montaña en la terraza del café.
Cuando sentía en él orgullo o vanidad, se acordaba de la amapola ("toda flor se marchita") y de nuevo su corazón se volvía hacia la luz que no pasa nunca.
Cuando la tristeza, la cólera, el disgusto, invadía su alma, respiraba profundamente, como un océano, volvía a tomar aliento en el soplo de Dios, invocaba su nombre y murmuraba: "Kyrie Eleison".
Cuando veía el sufrimiento de los seres humanos, su maldad y su impotencia para cambiar nada, se acordaba de la meditación de Abraham.
Cuando le calumniaban, cuando decían de él todo tipo de infamias, era feliz meditando con Cristo...
Exteriormente era un hombre como los demás. No intentaba tener "aire de santo"...
Había olvidado incluso que practicaba el método de oración hesicasta; simplemente intentaba amar a Dios cada momento y caminar en su presencia.
Jean-Yves Leloup. Questions de: "Méditation" nº 67. Ed. Albin Michel (la búsqueda del tesoro interior)
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Una nueva experiencia

Aún a riesgo de pecar de publicista, me veo empujado a explicaros la experiencia vivida por un joven beninois (de Benin), en un hospital de la capital, Cotonou.

Para empezar os diré que en Costa de Marfil vive desde hace años mi socio y hermano Hippolyte y es de los pocos que ha conseguido la nacionalidad. Pero él en realidad es hijo de Benin, donde nació hace más de 50 años…

Él tiene negocios en Benin y viaja allí cada mes. En su último viaje, llamó al llegar a su amigo el ministro para saludarlo. En su lugar encontró a su mujer, que muy triste le explicó que se iba al hospital para estar con su hijo. El chico, un joven de 14 años, estaba aquejado de una dolencia grave de riñón y estaban a punto de empezar a hacerle diálisis.

Hippolyte se citó entonces con la madre en el hospital y antes de salir cogió un talismán Vitriolum, escribió en un papel: decreto que los riñones de Koné funcionen perfectamente. Puso el papel dentro de la caja del Vitriolum, debajo del talismán, con la parte del Yod tocándolo.

Cuando llegó a la habitación del hospital puso la caja abierta sobre una mesa y le dijo a la madre de llenar un vaso de agua y ponerlo encima del talismán y que cada vez que el chico tuviera sed le diera a beber esa agua y volviera a llenar el vaso.

Ese mismo día Koné orinó un líquido rojo. Al día siguiente orinó una gran cantidad, lo cual llamó mucho la atención de sus médicos. Decidieron entonces retrasar la diálisis. Al día siguiente orinó 3 veces.

Lleva una semana mejorando y los médicos andan locos a su alrededor, nadie entiende nada, salvo la madre que va explicándole a todo el mundo el “milagro del Vitriolum”.

Tristán Llop (Talismanes y Amuletos para una nueva Era)
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Noticia de interés

Por fin he sucumbido a vuestras demandas y estoy publicando en el blog de Kabaleb su Interpretación Esotérica del Apocalipsis, en la que interpreta el Apocalipsis de Juan. Como kabaleb explica, Juan es un estado de espíritu que aparece en el ser humano en los momentos álgidos de su camino evolutivo. Puesto que podemos considerar, si nos fijamos en los acontecimientos que nos rodean, que estamos pasando por un periodo álgido en la evolución de nuestra especie, he creído que era el momento propicio para lanzaros esta perla, que nos ayudará a comprender nuestras movidas.

Espero que disfrutéis de su lectura, porque es realmente apasionante.
Tristán (Talismanes y Amuletos para una nueva Era)
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