Las siete pruebas

Cada día el ser humano se ve sometido a pruebas, de índole práctica, sentimental o intelectual. Superarlas supone siempre un estímulo y para conseguirlo, lo mejor es conocer su procedencia.Cuenta la tradición que el espíritu crístico planteó 7 pruebas al cuerpo de Jesús antes de aceptar fundirse alquímicamente con él.En el relato de los Evangelios encontramos los llamados 7 pecados capitales, que se inscriben como sendas pruebas por las que cada ser humano debe pasar en algún momento de su vida. Hasta hace poco se ha pensado que se trataba de consignas morales o a lo sumo religiosas, pero en realidad reflejan las virtudes y defectos de los siete planetas principales de nuestro sistema solar. Y si tenemos en cuenta que esos planetas tutelan nuestras vidas a través de los signos zodiacales que dirigen, comprenderemos su importancia. Veamos cuál es su significado y cómo cada uno de ellos influye en nuestra vida.

Primera prueba: la soberbia - sol
De los errores cometidos por el ser humano, la soberbia o el exceso de orgullo es el que más funestas consecuencias suele tener para quien la sufre, porque afecta de una manera global todas las funciones de individuo. Es una enfermedad de la voluntad y está presente en todas las motivaciones, cualquiera que sea la importancia de la acción a realizar.Si las energías solares dejan de transformarse en actos y se conservan dentro del organismo psíquico del individuo, se produce una sobrecarga energética que hace que la persona se ilumine, por así decirlo, por dentro. Esa luminosidad interior puede conducir a un efecto positivo y a otro negativo. El primero consiste en tomar conciencia, en descubrir la realidad trascendente y saber que uno forma parte del cosmos. Pero sin un ingrediente llamado voluntad, esa súper conciencia de sí mismo, le separará del resto de los mortales. Los efectos secundarios consisten principalmente en cortarla de la fuente, haciendo de ella un ser separado, algo parecido a un islote de aguas encharcadas, que en poco tiempo se llenará de parásitos. El Sol está considerado como el centro del universo y su homónimo en el cuerpo es el corazón. Así, los efectos de una sobredosis de soberbia pueden traducirse en que el corazón se vea privado del fluido vital, que es la esencia que vitaliza nuestro organismo. Las corrientes sanguíneas serán pobres y se verá expuesto al colesterol, al ácido úrico, a cardiopatías o en casos extremos incluso a la leucemia.El antídoto natural para la soberbia, es la humildad. Para poder avanzar hacia ella, es preciso que el soberbio tome conciencia de su estado y esté dispuesto a trabajar sobre sí mismo.


Segunda prueba: la avaricia - Saturno
La avaricia es un error saturnino. En el plano mental, un Saturno mal administrado puede producir una parálisis de las ideas y una disminución de la luz. En el aspecto emotivo, la persona deja de compartir sentimientos, se encierra en sí misma. En el plano físico generará soledad.Un exceso de avaricia nos acercará a la frigidez sentimental o la insensibilidad. El avaricioso será pues también un insensible hacia todo lo que le rodea y así se comprende que lleve una vida sórdida de privaciones, porque carece de apetencia hacia lo exterior. El avaro es un ser pobre, en el más amplio sentido de la palabra: pobre en ideas, en sentimientos y emociones, en posesiones, ya que el dinero retenido es para él una pura abstracción.La avaricia es indicio de un desorden interno y necesitará un gran esfuerzo de voluntad para ser corregida. En el cuerpo humano Saturno es el regente de los huesos, así que la avaricia puede generar en quien la padece arteriosclerosis, reuma, dolores de espalda, parálisis, sordera, y enfermedades óseas en general.El antídoto natural para el avaro es la generosidad, en cuanto empiece a compartir con los demás, los síntomas de sus dolencias desaparecerán.

Tercera prueba: la gula - Júpiter
La gula es un error jupiteriano. En nuestra sociedad actual, está relacionada con el hecho de consumir más de lo que a uno le corresponde en virtud de los recursos comunes de que dispone la humanidad, en sus negocios, en su actuación social y profesional. El glotón también abarca más lo que su programa humano le permite abarcar, reduciendo o suprimiendo el espacio social en el que los demás deberían actuar como legítimo terreno de experiencias. Entonces, los demás se quedan sin pastel. Otra cualidad del gulafra es la de establecer dogmas religiosos, políticos, sociales, científicos o culturales.Por lo tanto, podemos considerar la gula como un desbordamiento de la individualidad, que tiende a tragar a la colectividad. Es uno de los problemas de nuestra época y el más difícil de combatir. En efecto, cuando el cuerpo está saciado de alimentos, nos vemos obligados a adoptar un régimen. Pero en el terreno intelectual o emotivo el glotón sigue tragando más y más, privando al resto de los humanos de su legítimo espacio vital.Cómo Júpiter está relacionado con la circulación arterial, la plasmación de la gula en el cuerpo humano tendrá como resultado las enfermedades asociadas a esa circulación, como las trombosis, los accidentes coronarios, diabetes, hipertensión y en casos extremos, el cáncer, que se caracteriza precisamente por una tendencia a la invasión y a la ocupación de espacios ajenos.El antídoto natural para la gula será compartir, que es la actitud contraria a apropiarse.

Cuarta prueba: la ira - Marte
La ira es un error marciano. Cuando este planeta impone su ley en el mundo mental, la persona tiende a organizar su vida con un excesivo e innecesario rigor. Todo funciona a su alrededor como en un cuartel, al toque de trompetas. El primer efecto oculto de la ira en la vida de quien la padece, será proporcionarle un marido, una esposa, unos amigos y compañeros aparentemente inferiores, que difícilmente han de aportarle esa tensión sin la cual ninguna experiencia es posible. Cederán ante él y, sin encontrar resistencia, el colérico avanzará hasta el final.En el mundo de los sentimientos, la ira lo radicaliza todo, transformando los deseos en furiosa pasión y concediendo una importancia excesiva a lo que deberían ser sencillas apetencias del alma. El individuo empeñará entonces todo su ardor en conseguir algo que en sí es irrisorio. Bajo el impulso de la ira, la vida se convierte en una auténtica caricatura, pero una caricatura dramática. En el mundo físico, Marte rige el hierro que, por su oxidación, produce el calor necesario a la vida y, bajo forma de hemoglobina aporta el color rojo a la sangre. Así, la ira producirá un exceso de calor en el cuerpo, manifestándose a menudo en forma de granos, furúnculos, fiebres, ruptura de vasos sanguíneos, hemorragias internas y externas, hemorroides, hernias.El aspecto más positivo de la ira es que todo el mundo la reconoce, incluso el que la padece, así, será más fácil encontrar el remedio. El antídoto natural para la ira será la descarga, ya que al tratarse de un exceso de energía, la ira desaparecerá si la persona se libra, conscientemente, a actividades como la práctica intensa de un deporte, la gimnasia, y también las actividades de tipo creativo.

Quinta prueba: la lujuria - Venus
La lujuria es un error venusiano, que además de actuar en el dominio sexual, extiende sus redes sobre todos los placeres inmoderados que nos auto concedemos. En el plano mental, genera permisividad, desvirtuando el sentido de la ética y haciendo que todo parezca plausible, e interfiriendo en la capacidad de distinguir entre el bien y el mal, de forma que se ve en la imposibilidad de arrancar las malas hierbas que florecen libremente en su vida.En el plano emotivo, le concede al sexo funciones directrices, marginando otros criterios presentes en el alma. También extiende sus amarras sobre las relaciones sociales, sellándolas con la marca de lo efímero.La lujuria produce un progresivo oscurecimiento de la conciencia, de manera que al Ego Superior le resulta difícil comunicar su saber a su contrapartida material, la cual deja de cumplir su programa profundo. La persona se ve entonces desasistida espiritualmente y vulnerable ante el más mínimo contratiempo que le depare la vida, siendo firme candidata a la depresión. Les efectos de la lujuria pueden llevar hacia desequilibrios mentales, retrasos, epilepsia, enfermedades en las que el cerebro realiza mal sus funciones y abandona la dirección a los deseos. El antídoto natural para la lujuria es el control mental, ejercerlo nos ayudará a alejar de nosotros los deseos que pueden dañarnos.

Sexta prueba: la envidia - Mercurio
La envidia es un error mercurial. En el mundo mental, la función de Mercurio consiste en orquestar los recursos que posee el individuo para su más lógico aprovechamiento. Pero cuando Mercurio forma disonancias, entonces tiende a utilizar recursos ajenos en el programa propio. Esta situación se manifiesta en la persona bajo el rostro de la envidia.En el ámbito de relaciones sociales, será fuente de importantes conflictos. La envidia, para prosperar en el terreno práctico, debe ir acompañada de sus dos acólitos: la mentira y la calumnia, con la ayuda de las cuales arruinará la reputación de la persona cuyos recursos Mercurio ambiciona. En lo que se refiere al propio destino, la envidia falseará nuestras necesidades experimentales, procurándonos experiencias innecesarias para nuestro Ego Superior. En el plano emotivo, Mercurio es el encargado de aportarles lógica a nuestros sentimientos, de proporcionarles su razón de ser. Pero cuando aparece la envidia, proporciona a los deseos argumentos nobles para justificar actuaciones deplorables. En el plano físico, Mercurio rige las conexiones, las relaciones humanas y una situación de envidia hará que la persona se vea conectada con individuos que contribuirán a desviarlo de su universo natural, orientándolo de forma equivocada respecto a su programa de vida.La envidia hará que la persona sea propensa a los envenenamientos, a las dificultades respiratorias y gástricas. Todas las afecciones del aparato intestinal, las intoxicaciones, apendicitis, peritonitis, enfermedades contagiosas y pulmonares pueden estar relacionadas con la envidia, puesto que en el plano moral, también la envidia envenena, intoxica, estrangula, contagia, vicia el aire, impide que la persona objeto de la envidia evacue normalmente sus cualidades internas sobre el mundo.El antídoto natural de la envidia es la nobleza y practicarla nos alejará de todos sus efectos secundarios.

Séptima prueba: la pereza - Luna
La pereza es un error lunar. En el Mundo Mental, la Luna produce las imágenes internas, es lo que llamamos la imaginación, a través de la cual la mente se desplaza de un lugar a otro, explorando por un lado las alturas inaccesibles y estableciendo cabezas de puente en terrenos nuevos y descendiendo por otro a los abismos de la razón allí donde ideas arcaicas y profundamente enraizadas necesitan que las sales lunares disuelvan sus amarras. Los efectos de la pereza en este mundo bloquean la imaginación y dejan que todo siga tal como está, de modo que imposibilitan la progresión intelectual hacia arriba.La exteriorización de los deseos hará que la persona sea fría o caliente, que se mueva. Pero cuando la pereza obstaculiza esas funciones, se convierte en este tibio al que Dios vomita de su boca.En el mundo físico, la Luna rige las funciones de disolución y coagulación de los elementos, aportando una renovación periódica a nuestros átomos y moléculas, de acuerdo con los ritmos del universo. Si esas funciones resultan obstruidas, nos convertimos en algo parecido a una tierra muerta, en seres inútiles para sí mismos y para los demás.La pereza se relaciona con todo tipo de enfermedades, ya que los órganos dejan de realizar correctamente sus funciones, por pura pereza.El antídoto natural para la pereza es el movimiento. Moverse hacia las cosas que estén a su alcance. Por cada paso que dé, Dios dará dos por él. Poco importa aquí el resultado práctico obtenido lo importante es ponerse en movimiento a nivel físico, sentimental y mental para restablecer las funciones que se encuentran perturbadas.


Tristán Llop
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La retrospección, un ejercicio de elevación espiritual

Los ejercicios de elevación espiritual suelen tener muchos adeptos, porque todos queremos llegar lo más alto posible y en el menor tiempo. Pero en la mayoría de los casos nos venden milongas, o bien porque el trabajo en cuestión es demasiado difícil, lo cual genera frustración; porque resulta demasiado caro, porque está reservado a unos pocos iniciados o porque sus resultados son nulos.
La elevación espiritual forma parte de un proceso evolutivo continuado y así es como debemos enfocarla y uno de los ejercicios que más ayudan a conseguirlo es el de la retrospección. Su realización diaria nos ayudará a abrir canales que antes permanecían cerrados, pero su apertura será gradual, para evitar problemas.
La retrospección sirve para conectar la mente con las emociones, el conciente con el subconsciente. Su realización continuada nos ayudará a desprendernos de nudos emocionales y a superar estados de tensión. Además, es una potente herramienta para la evolución, ya que nos facilita la comprensión de situaciones vividas en las que generalmente solemos atascarnos. También resulta muy útil para activar la memoria.

Las 3 fases de la retrospección

Cuando nos acostamos y antes de quedarnos dormidos, debemos empezar a recordar todo lo que hemos hecho durante el día, pero en orden inverso, desde lo último (acostarnos), hasta lo primero (levantarnos). Para facilitar el ejercicio lo realizaremos en tres fases:

1ª fase: procuramos recordar cada acontecimiento con el máximo detalle, pero de forma simple, sin entrar en análisis de lo vivido. Es fácil que en esta fase, al principio, nos quedemos dormidos al tercer recuerdo. Para evitarlo podemos incorporarnos en la cama y realizar el ejercicio sentados, por lo menos hasta que controlemos el sueño.

2ª fase: esta fase la iniciaremos cuando ya tengamos un mínimo dominio del ejercicio. Se tratará de recordar cada acontecimiento, pero trataremos de sentir lo que hemos sentido y, sobre todo, de ponernos en el lugar del otro y sentir lo que hemos hecho sentir a los demás. Para conseguirlo podremos buscar situaciones similares en nuestra propia vida. Por ejemplo, hemos hecho un comentario jocoso que ha ofendido a nuestro interlocutor. Para ponernos en su lugar deberemos recordar una situación en la que alguien nos dejó en ridículo y así podremos hacernos a la idea de lo que la persona sintió.

3ª fase: Además de recordar y sentir, trataremos de analizar cada uno de los comportamientos (sólo los que resulten relevantes), para llegar a comprender por qué hemos actuado de esa manera o por qué lo han hecho los demás.

Si nos aplicamos en este ejercicio, el resultado será que poco a poco aprenderemos a controlar mejor nuestras emociones y al mismo tiempo estaremos eliminando día a día nuestro karma.

Os invito a realizar el ejercicio de la retrospección y a compartir con nosotros vuestras experiencias, plasmando vuestros comentarios en el blog. Gracias por ayudarnos a mejorar.

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Ser positivo

Ser positivo es una actitud necesaria para acceder a un buen nivel de autoestima.
Ser positivo significa dar gracias por lo que se está viviendo en cada momento, tanto si la experiencia resulta atractiva, como si nos parece negativa, ya que ambas van a servir para que aprendamos una lección que nos ayudará a avanzar y a crecer.

La actitud de ser positivo abrirá infinidad de puertas y ayudará a solucionar de forma provechosa todos los problemas que se planteen.
Ser positivo propiciará también un aumento de nuestras defensas inmunológicas, lo cual ayudará a que contraigamos menos enfermedades y a que nos curemos con más facilidad. Una persona en actitud positiva delante de una operación necesitará una cantidad mucho menor de anestesia y por lo tanto minimizará los riesgos que ésta conlleva

Tristán Llop
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Elevación de vibraciones

Las dependencias nos sitúan siempre en un nivel de vibración bajo, ya que difícilmente pueden soportar frecuencias más altas. Por lo tanto un buen sistema para huir de ellas es tratar de elevar nuestro nivel vibratorio. Esto puede lograrse eliminando los residuos que depositamos en cada uno de nuestros cuerpos, empezando por comer más sano, evitando tóxicos, reduciendo el tabaco, el alcohol, los excitantes y azúcares artificiales; después podemos intentar que nuestras emociones sean más limpias, evitando los celos, las envidias, las críticas y finalmente procurando que nuestras ideas estén también en línea, evitando juzgar y siendo más humildes. Todo ello aumentará el nivel de autoestima y de seguridad en nosotros mismos.

Escuchar música dulce, que nos guste, también ayudará.

Para evolucionar tendremos que reconocer y reformar nuestras maneras codependientes de relacionarnos con los demás.
Tristán Llop, la búsqueda del tesoro interior
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Crear dependencia


Uno de los problemas más frecuentes que se presentan en la relación con los demás es la necesidad de crear dependencia, es decir, procurar que los demás dependan de alguna forma de nuestras acciones, sentimientos o ideas. Esto equivaldría a atar a alguien de una cuerda, como lo hacemos con los animales de compañía (los cuales nacieron libres y a los que hacemos totalmente dependientes de nosotros). Pero cada vez somos más sofisticados y ahora utilizamos artilugios que dan más o menos longitud a la cuerda, por lo que podría parecer que en algún momento hemos roto la dependencia.

Esta necesidad de intentar que los demás estén siempre siguiendo nuestras directrices viene dada por una inseguridad. Tratamos de acumular el máximo de energía posible, chupándosela a los demás, pensando que así tendremos la suficiente para mantenernos en el lugar que ambicionamos. A menudo esta situación se da por falta de información, porque la gente desconoce el hecho de que la energía es universal y podemos abastecernos de ella en cualquier lugar y momento sin abalanzarnos sobre nadie.

Kashiel
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La interpretación del Padrenuestro

Presentamos aquí la interpretación que Kabaleb hizo del Padrenuestro, en su libro “Cómo descubrir al maestro interior”. A través de este texto descubrimos que el Padrenuestro está compuesto de siete oraciones. Y cuando las recitamos a conciencia, la elevación es inmediata. El Padrenuestro se convierte así en más que una plegaria, en un tema de meditación y una enseñanza que conduce al perfeccionamiento. Si la plegaria consigue movilizar la mente y el corazón, si pone a trabajar el pensamiento y los deseos, será uno de los instrumentos más eficaces en nuestro desarrollo.

Jesucristo dijo:
«Al rogar, no multipliquéis las vanas palabras, como los paganos, que se imaginan que a fuerza de palabras serán escuchados. No os parezcáis a ellos, ya que vuestro Padre sabe lo que necesitáis, antes incluso de que formuléis la demanda. He aquí pues cómo debéis rogar:
¡Padre nuestro que estás en los cielos!
Santificado sea tu nombre,
Venga a nosotros tu Reino,
Que se haga tu voluntad en la tierra como se hace en el cielo.
El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy,
Y perdona nuestras ofensas en la medida en que nosotros perdonemos a los que nos han ofendido.
No nos induzcas en tentación, sino libéranos del maligno,
Ya que a ti pertenece por los siglos de los siglos el Reino, el poder y la gloria. ¡Amén!»

Este es el modelo de plegaria que figura en el Evangelio de San Mateo (Vl, 9 13), pero según fuentes esotéricas, tras la demanda de «pan cotidiano», figuraba una línea en la que se pedía: «Refresca nuestras almas con las aguas vivas», y al final se suprimen las últimas líneas y se añade: «Haznos cada vez más perfectos, como tú mismo eres perfecto.» La demanda de pan y agua corresponde al elemento sólido procedente del Binah y al líquido luminoso procedente de Hochmah.

El padrenuestro quedaría entonces así:
¡Padre nuestro que estás en los cielos!
Santificado sea tu nombre.
Venga a nosotros tu Reino.
Que se haga tu voluntad en la tierra como se hace en el cielo.
El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy,
y refresca nuestras almas con las aguas vivas.
Y perdona nuestras ofensas en la medida en que nosotros perdonemos a los que nos han ofendido.
No nos induzcas en tentación, sino libéranos del maligno.
Y haznos cada día más perfectos como tú eres perfecto.
Amén (Aleph-Mem-Noun).

El Padrenuestro ha quedado instituido como la plegaria de los cristianos y constituye un modelo para todo ruego que pueda ser dirigido al Eterno. Deberíamos rezar el Padrenuestro por lo menos una vez al día, pero, sobre todo, se debe comprender el sentido de esta plegaria y vivirla, ya que si nos limitamos a la simple repetición mecánica, no tendrá efectos, o muy pocos, sobre nosotros.

«¡Padre nuestro que estás en los cielos!», es como las direcciones que se ponen en los sobres. Pero hay algo más en esta primera línea que es preciso retener, y es que se dirige a la instancia más elevada de la espiritualidad, al aspecto divino llamado Padre y no a instancias espirituales intermedias. Sólo el Padre abre los sobres que van dirigidos a él, pero, tal como Cristo indica, si reclamáis su atención hacedlo con pocas palabras y para cosas esenciales. Si vuestras peticiones son secundarias, si se refieren a las anécdotas de vuestra vida, entonces es mejor dirigirse a las potencias intermedias, pero no olvidéis poner su nombre y dirección, tal como Jesús lo hace en el Padrenuestro. Una plegaria bien dirigida reúne ya la condición primordial para ser escuchada.

«Santificado sea tu nombre».Esta proclamación ha de sugerir la determinación de otorgar un trato privilegiado a todo lo que viene del nombre del Padre, o sea a lo que procede de Kether-voluntad. Santificar significa celebrar, exaltar, ponerse de gala, venerar, festejar, distinguir. Podríamos permutar la expresión «tu nombre» por: Santificada sea “mi voluntad” y decir: “que esa voluntad que hay en mí sea exaltada y se exprese con toda su pureza, con todas sus galas y que esa voluntad sea celebrada”, es decir, que sea ejercida día a día, que se reserve un espacio en la jornada para que nuestra voluntad, que es un don del Padre, actúe en nosotros para eliminar lo caduco y renovar nuestra vida.
En la vida social, santificar el nombre de Dios significa dejar espacio libre para que nuestra voluntad humana pueda manifestarse. Vivimos prisioneros de la rutina, doblegados por un trabajo mecanizado para el que la voluntad facilita una energía de consumo para ir tirando y que la producción no se detenga. En tales condiciones, sólo los días de fiesta dejan el terreno libre para que la voluntad se exprese, y ahora vemos cómo esos días de fiesta se van reduciendo, se va sacralizando la producción material y no el nombre del Padre.

Para que ese nombre pueda ser santificado, todos cuantos trabajamos en el advenimiento del Reino debemos defender las fiestas tradicionales y promover nuevos festejos para que le sea posible al hombre ejercer esa voluntad creadora que le viene del Padre. En esa voluntad es donde se encuentra la solución de los problemas sociales, siempre y cuando la organización de la vida favorezca su ejercicio.

«Venga a nosotros tu Reino». ¡Qué riqueza de sugerencias encierra esta expresión! Se trata del Reino de Kether y pedimos aquí que llegue hasta Malkuth, centro que representa nuestra realidad material. El objetivo supremo de toda vida humana no es otro que el de conseguir que el Reino de Kether descienda de la cima en que se encuentra y se instale en nuestro yo material, penetrando en la carne, en la sangre, moviendo los resortes de nuestros músculos y nervios, manifestándose en nuestros gestos. La obra de Cristo puede resumirse precisamente en conseguir ese logro: el que venga a nosotros el Reino del Padre. ¿Qué debemos hacer para que esto se cumpla?
El Reino del Padre ya está en nosotros. Se encuentra situado en un punto misterioso de nuestro cráneo, pero las conexiones entre nuestro corazón y el cerebro no están vivificadas y el Padre se encuentra sin medios para gobernar. Es como un rey que, sentado en su trono, estuviera en un palacio vacío, sin ministros, sin servidores para ejecutar su política. Para que ese monarca pueda reinar, será preciso dotarlo de una red de conductos que le permitan hacerse oír por sus súbditos.

Esos conductos, en lo que se refiere a nuestro organismo, son nuestros pensamientos y nuestros deseos. Si ellos se ponen al servicio de ese rey, sus órdenes llegarán al mundo de abajo. Al decir ¡Venga a nosotros tu Reino! expresamos un deseo y un pensamiento a la vez, es decir, abrimos el camino de penetración a nuestro mítico rey interno.Pero ese camino es largo y difícil. Si contemplamos el esquema del árbol de la vida, vemos que Kether y Malkuth están unidos por una serie de senderos que van de una a otra de las tres columnas. Existe una vía rápida en la columna central, pero sólo unos pocos privilegiados pueden deslizarse por ella. El grueso del pelotón de la humanidad transita por los senderos serpenteantes que van de un centro de vida de la derecha a uno de la izquierda y es por ellos por los que el reino del padre ha de transcurrir, desde las alturas de Kether hasta las profundidades de Malkuth.

En ese largo viaje del Padre para visitar a sus hijos, los hombres, la primera etapa lo llevará a esa ciudadela espiritual que conocemos con el nombre de Hochmah. Allí Kether Padre tomará un rostro, adquirirá una apariencia que lo haga reconocible: se vestirá con la túnica deslumbrante del amor y la sabiduría y emprenderá el viaje hacia Binah. En esa aduana, los funcionarios le preguntarán si tiene algo que declarar y el Padre dirá: traigo conmigo el amor que todo lo une y la sabiduría que disipa todos los misterios.

El guardián de la frontera de Binah le responderá: Señor, para entrar en nuestro mundo, deberéis someteros a nuestras reglas. Aquí somos muy severos con nuestros súbditos y quizá vuestro amor significara una tolerancia inadmisible para nuestras leyes. Aquí, Señor, se aprende por la experiencia y no hay otra sabiduría que la conseguida por el esfuerzo. Despojaos pues de una parte de vuestro amor y olvidad vuestro saber si deseáis penetrar en nuestro país.

Así Kether, en cada una de sus etapas que lo conducirán sucesivamente a Hesed, Gueburah, Tiphereth, Netzah, Hod, Yesod y Malkuth, encontrará una aduana que irá despojándolo de los adornos de su túnica, hasta convertirlo en un puro harapo. El trabajo humano consiste en permitir el paso de la divinidad por cada uno de los centros motores de nuestro organismo sin ponerle trabas ni filtros. Se trata de suprimir fronteras y discriminaciones y de ser, en lo interior y en lo exterior, perfectos ciudadanos del mundo.

¡Venga a nosotros tu Reino! Es el clamor que ha de permitirnos recibir al soberano sin restricciones, sin exigirle que se presente en nuestra vida de una forma determinada. Si ese deseo se expresa con fuerza, si es auténtico, si obedece a una necesidad imperiosa, un día veremos al soberano irrumpir victorioso por las avenidas de nuestra sangre, músculos y nervios para proclamar en nosotros su reinado para siempre jamás.
«¡Que se haga tu voluntad en la tierra como se hace en el cielo!» Este punto del Padrenuestro es consecuencia del anterior. Si el Reino del Padre viene a nosotros es para que establezca su voluntad en nuestra tierra humana, para que actúe en nosotros según sus divinas normas, convirtiéndonos en artesanos conscientes de su obra.

La voluntad del Padre, de cualquier padre que no se vea perturbado por oscuros complejos, consiste en que su hijo pueda ir más allá de sí mismo, de que pueda superarlo en conocimientos, sabiduría y bienestar. Y ese padre pondrá todas sus posibilidades morales y materiales al servicio del hijo, hasta el sacrificio si es preciso. Si así lo hace el padre físico, ¿qué no hará por sus hijos el Padre espiritual? La Voluntad de Kether se manifiesta en Hochmah en forma de sabiduría amor, y se manifiesta en Binah en forma de Inteligencia penetrante que permite conocer el misterio de la creación mediante las leyes activas en el cosmos. La voluntad divina no es pues coercitiva, no se manifiesta despóticamente imponiendo un orden arbitrario y ocultando las reglas que permiten comprenderlo, sino al contrario, clarificándolo todo, dando armas a la inteligencia para que pueda penetrar en el conocimiento de todas las cosas.

Por ello, al decir ¡Hágase tu voluntad en mi tierra!, No estamos pidiendo un «caudillo» que nos diga lo que tenemos que hacer, sino que estamos solicitando que, del mismo modo que se hace en el cielo, donde Kether Padre establece amor sabiduría e inteligencia-comprensión, lo establezca también en nosotros, que nos conceda las prerrogativas divinas que concedió a Hochmah y a Binah. Le pedimos, en suma, que con su voluntad, nos convierta en creadores, elevándonos a la categoría de dioses, nos haga participar con la conciencia despierta, en la obra creadora.
«El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy y refresca nuestras almas con las aguas vivas». En este punto de la plegaria se pide lo esencial, ya que como diría Jesús más adelante, si se busca el reino de Dios y su justicia, lo demás viene por añadidura. Se piden las cualidades de Hochmah y de Binah, tal como apuntábamos en el punto anterior. En la época en que vivió Jesús, el pan solía ser elaborado por cada familia y de todos modos, debemos interpretar esta petición, no solamente en el sentido alimenticio, sino en el más amplio de permitirnos la elaboración de ese pan.

Las enseñanzas tradicionales dicen que en la elaboración del pan participan los siete Séfiras que van de Binah a Yesod; es decir, los siete centros de vida activos en cada uno de nosotros se movilizan en la tarea panificadora, de modo que teniendo esto en cuenta, lo que estamos pidiendo es que diariamente el Padre mantenga activos en nosotros los sietes centros de la vida que elaboran nuestra existencia, porque en el proceso evolutivo, nosotros pasamos por fases parecidas a las del pan, desde que la pasta se amasa hasta que se cuece; le pedimos que no exista en nosotros ninguna tendencia muerta, que todo se encuentre vivificado y en estado de alerta porque, siendo así, el pan físico no nos faltará, y será el producto natural del trabajo humano.

La referencia a las aguas vivas, que no figura en la plegaria tal y como nos ha llegado, es una demanda del amor sabiduría de Hochmah. Trabajo humano y amor, tales son las peticiones esenciales que debemos dirigir al Padre, no el amor de la sociedad hacia nosotros, sino amor nuestro hacia todo lo creado; amor que, al darlo, nos será devuelto, de acuerdo con la dinámica del mecanismo cósmico.

«Y perdona nuestras ofensas en la medida en que nosotros perdonemos a los que nos han ofendido». Dirigir esta petición a un Dios externo no tendría sentido porque él ya conoce las reglas cósmicas y sabe que las ofensas perdonadas abajo disparan automáticamente los mecanismos del perdón en los mundos de arriba y nuestras ofensas se borran. Cristo introdujo ese punto en la plegaria para que el discípulo medite sobre la cuestión y pueda tomar conciencia de que su propia actitud respecto a los demás, determinará la actitud del Padre respecto a él. Esto no significa que el Padre cambie en la forma de enjuiciarlo, sino que nuestra actitud humana nos hará beneficiarnos de unos mecanismos activos en la obra divina.

Por otra parte, el Padre Kether, como hemos dicho, se encuentra interiorizado en cada uno y si tomamos conciencia de esta realidad, resultará que es de nuestro interior, de lo que en nosotros hay de divino, de donde ha de venirnos el perdón, de acuerdo con la regla que Cristo expresaría más tarde al decir «la caridad bien entendida empieza por uno mismo».Perdonar las ofensas a los demás es tarea primordial para que el Padre pueda establecer su Reino en nosotros, porque si nuestro Reino humano aparece surcado de odios, rencores y desavenencias, por mucho que despejemos los senderos por otro lado, el soberano no pondrá nunca los pies en nuestra tierra. Cuando pronunciamos esa parte de la oración, debemos pensar en si estamos resentidos contra alguien y, si lo estamos, vayamos a su encuentro y hagámosle saber que nuestra ofensa ha prescrito. Si no es así, no vale la pena seguir rezando, porque no reuniremos las condiciones para que sea efectiva y no dejará de ser un movimiento inocuo de los labios.

«No nos induzcas en tentación, sino libéranos del maligno». La tentación aparece, inevitablemente, al alcanzar cierto nivel evolutivo, porque el maligno es un agente activo en nuestro proceso formador. Él ha sido el tutor en la toma de conciencia de nuestros deseos y llega ineludiblemente un momento en que debemos despedirnos de este viejo profesor, experto en las artes de la izquierda, para vincularnos a la corriente crística que circula por la derecha. La tentación, muchas veces, es la de seguir siendo lo que somos, la de no transformarnos, la de incorporar a medias los nuevos valores, a la manera de un manto que cubre los antiguos. Muchas de las prácticas que hoy llamamos cristianas no son más que unos ropajes transparentes que ocultan apenas la doctrina antigua.

El Padre ha de librarnos de ese mal sutil, otorgándonos la suficiente lucidez para reconocerlo, porque en el momento del tránsito de una doctrina a la otra, cuando vayamos al encuentro del viejo profesor Mefisto para despedirnos de él, el maligno astuto nos dirá: «¿Por qué romper nuestras buenas relaciones? Yo sé mucho acerca de la nueva doctrina y puedo instruirte en ella como lo he hecho en el terreno de la experiencia». Si aceptamos su ayuda, ya estaremos endosando las dos túnicas y los viejos métodos aparecerán con un barniz nuevo. Debemos tener el valor de romper, de quemar las naves, como lo hiciera Cortés al llegar al nuevo mundo. Sólo entonces, cuando ya no sea posible mirar hacia atrás, descubriremos en toda su plenitud los valores del nuevo universo que es ahora el nuestro. Entonces, el Reino del Padre cobrará vida y su realidad irá penetrando en nuestra conciencia.

“Haznos cada día más perfectos, como tú eres Perfecto. Amén” Termina la oración, reclamando una condición sin la cual el padre no podrá penetrar en nosotros, porque la perfección necesita para expresarse un medio adecuado a su naturaleza, y si el hombre no adquiere la cualidad de la perfección, el Padre se quedará en la puerta, esperando a que esa perfección se cumpla.

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