Interpretación del código hebraico

A continuación tenéis la explicación-interpretación de las 22 letras del código hebraico (realizado por Kabaleb), un lenguaje espiritual que os ayudará a comprender mejor el funcionamiento del macrocosmos y de vuestro microcosmos. En este texto se os propone la tirada de una letra-fuerza diaria para familiarizaros con ellas y para saber las sorpresas que os aguardan en cada jornada. Más adelante os propondré nuevas propuestas para trabajar con este código mágico, místico y cósmico.
En nuestro universo existen 22 fuentes de energía primordial, 12 de ellas provienen de los 12 signos del zodíaco y las otras diez de los diez Séfiras del Árbol Cabalístico. (Aquí tenéis un enlace para poder ir a una letra concreta)...

En la revelación dada a Moisés y que constituye el cuerpo de la Cábala, esos 22 estados de la energía fueron simbolizados en 22 signos que constituyeron las 22 letras del código hebraico, es decir, constituyeron la lengua del pueblo elegido que, como hemos dicho en varias ocasiones, corresponde a un pueblo espiritual, aquel que en un momento dado fue capaz de recibir el cuerpo del Pensamiento, y el pueblo que ahora, en nuestros días, es capaz de comprender ese lenguaje del que ahora vamos a hablar.

Las 22 letras del código hebraico dieron lugar a una lengua que permitía al pueblo de Israel entenderse físicamente, cierto, pero el auténtico lenguaje del pueblo elegido es espiritual, de modo que esas 22 letras constituyen la lengua que nos permite hablar con Dios, con nuestro Dios interno y comprender sus designios.

Como cada letra corresponde a un estado energético, las letras que componen una palabra han de expresarnos, además de la fonética de la palabra en sí, una relación de fuerzas. Esa relación puede ser armónica, y en ese caso portadora de estabilidad, de coherencia y, por lo tanto, de duración, o puede ser inarmónica, y en tal caso las fuerzas que integran la palabra no se complementarán o incluso se destruirán entre sí por corresponder a estados muy distintos, incompatibles. Si esto ocurre, aquella palabra anunciará una destrucción o simplemente una irrealización, algo que pretendía ser y que no será porque no se ajusta a las divinas normas.

Esta lengua nos permite comprender los designios de Dios, decíamos, y los entenderemos descifrando, con este procedimiento, los nombres divinos y humanos que aparecen en la Biblia y en la Cábala. ¿Qué significa Jehová? ¿Kether? ¿Hochmah? ¿Binah? ¿Qué quiso decirnos Jehová por mediación de Moisés al anunciarnos que Adán y Eva tuvieron un hijo llamado Abel? ¿Y qué significado tiene el que de Abraham naciera Isaac y de éste Jacob? Lo sabremos si estudiamos la combinación de fuerzas activas en esos nombres, a través de las letras que los componen, y veremos así cómo de una determinada fuerza nace ineludiblemente otra.

Si el estudio de las 22 letras hebraicas nos permitiera comprender el proceso creativo de la acción divina en el mundo humano, el conocimiento de la lengua divina ya constituiría un instrumento de supremo valor. Pero sus significados van mucho más allá.

Nosotros mismos somos agentes transformadores de esas fuerzas y con nuestro maniobrar humano alteramos su orden natural. Perdidos en un mundo de valores establecidos por nuestros propios errores, nos cuesta saber si haciendo esto o aquello estamos obrando conforme a la ley divina o sirviendo objetivos puramente personales. El conocimiento de la lengua divina nos permitirá saber si nos desviamos de nuestra ruta espiritual o si seguimos firmemente en ella. ¿De qué forma?

La bondad divina nos ha legado un libro al que se le han dado diversos nombres. La tradición lo conoce como el Libro de la Rota o de la Ruta. Cambiando la fonética y el orden de las consonantes sale el nombre de Tora, que significa ley; pero su nombre más divulgado es el de Tarot.

El Tarot tradicional es un libro formado por 22 imágenes, conocidas con el nombre de Arcanos Mayores, cada una de ellas correspondiente a una de las 22 letras del código hebraico, o sea, que cada lámina del Tarot representa un estado energético. La consulta de este Libro de Ruta, antes de iniciar una acción determinada, nos dirá si lo que vamos a emprender es conforme o no a las necesidades de nuestro destino. ¿Qué es lo que debemos hacer para que esto ocurra?

En primer lugar, nos aislaremos en un lugar de la casa donde nadie pueda interrumpirnos, tomando entre nuestras manos los 22 Arcanos Mayores del Tarot, o sea, el juego de cartas, puede ser el tarot de Marsella. (otra opción es dibujar en 22 trozos de papel iguales, las 22 letras-fuerza). Luego nos concentraremos sobre el asunto objeto de nuestra consulta, como si de algo sagrado se tratase, ya que todo cuanto hacemos, se trate de amores, de dinero o ambiciones, tiene, en último análisis, un cariz sagrado, puesto que sea lo que sea comprometerá nuestra existencia.

Ya concentrados sobre el objeto de nuestra consulta, mientras invocamos la ayuda de Kether. de Hochmah y de Binah, lo que equivale a decir del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, iremos desplegando las cartas encima de la mesa en desorden, boca abajo y moviéndolas con las dos manos; Este movimiento corresponde al caos inicial. Siempre sin dejar de pensar en lo que motiva la consulta, se recogerán las cartas con la mano derecha y se procederá a barajarlas 7 veces con la mano derecha, sujetándolas con la mano izquierda: es el proceso de ordenación propio de la sabiduría de Hochmah. Luego, dejándolas encima de la mesa, se cortan con la mano izquierda, representante de Binah, hacia el lado izquierdo (del corazón).

Efectuadas estas operaciones, se echan las cartas boca arriba. Se puede realizar una tirada de 5 cartas, que corresponderían al Yod-He-Vav-He del nombre divino más la quinta esencia, que es lo mismo que decir: al ciclo de Fuego (impulso inicial); al de Agua (interiorización); al de Aire (exteriorización); al de Tierra (materialización) y a la 5ª esencia (resumen final) y se procede a su interpretación.

Otra sugerencia es la de tirar una sola carta, lo cual hará más sencilla la interpretación. Lo ideal sería realizar cada día por la mañana una tirada preguntando cómo se presenta la jornada, lo cual nos facilitará pistas sobre cómo orientar nuestra energía.

La mala comprensión de la lengua divina ha dado lugar a todo tipo de deformaciones, y así vemos cómo las echadoras de cartas venden una ciencia sagrada que no conocen. No es que sus resultados sean inciertos, ya que en cuanto se atribuye un valor determinado a una imagen, se crea un artificial que lo relaciona con la realidad que se le atribuye, de modo que se pueden anunciar, mediante sistemas erróneos, acontecimientos ciertos que se producirán o no se producirán. Lo que no hará el falso sistema será indicar al alma si aquello es conforme a su programa de vida o si no lo es.
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